30 de septiembre de 2012

Libros que viajan.

Libros que viajan

La aventura de «liberar» obras literarias en la calle: otra historia más que contar

ESPERANZA MEDINA PROFESORA Y POETA

Uno sueña con libros que le hagan marchar lejos sin salir de casa, que lo transporten a paisajes cálidos en pleno invierno o a la nieve desde su toalla en la playa.

Uno sueña con libros que viajen al futuro, que inventen un pasado que quizá fue real o quizá no.

Uno sueña con trasladarse sin esfuerzo a sensaciones y sentimientos que le son ajenos pero no extraños, a aventuras y miedos que de otra manera no se atrevería a afrontar.

Pero el libro se acaba y el viaje se termina. De momento al menos, porque hay muchos otros posibles, por suerte, que podemos iniciar de nuevo.

Y, sin embargo, el libro puede viajar también, puede ser independiente y hacer su propio camino, arriesgado si no encuentra quien lo recoja del banco del parque, de la acera o de la balda de una estantería al aire libre, como la que esta temporada se puede encontrar en la calle Palacio Valdés.

Nadie debe extrañarse, no hay ningún loco suelto que saque los muebles a la calle, es simplemente una «zona oficial de BookCrossing». Un lugar donde encontrar libros que llevarse a casa, donde dejar los que ya leímos para que inicien un nuevo camino. Pero lo esencial de esta nueva modalidad de compartir literatura está en la página de internet que nos permite registrar y buscar los libros que nos salen al paso. Todos ellos llevan una etiqueta que nos remite al camino andado, a sus viajes, a los lugares y a las personas que los encontraron y los «liberaron».

Los libros tienen así otra historia que contar por encima de la que llevan escrita en sus páginas, la propia, la que depende sólo de la casualidad.

Lo emocionante es saber que el libro viaja también físicamente, que hace un camino en la mano, el bolso o la maleta de algún desconocido a otro lugar. Una experiencia muy recomendable si después de leerlo y dejar constancia de ello en la página de BookCrossing le permitimos de nuevo que siga su ruta.

Y si después de esto alguno de ustedes encuentra un libro por la calle, aparentemente olvidado, no lo lleve a «objetos perdidos», ofrézcale una nueva oportunidad de soñar otros mundos y otras manos en las que reposar un rato antes de volver a ser «liberado». Quién sabe dónde puede llegar.

Fuente: http://www.lne.es/aviles/2012/09/25/libros-viajan/1302704.html

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